Espejuelos
Por Pablo Picotto 3
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En 1970, Feyenoord derrotó al Estudiantes de Zubeldía y se coronó campeón de la Intercontinental. El único tanto lo anotó Joop Van Dael. Ese match pasó a la historia por una situación particular que vivió este jugador, gentileza (?) de uno de los defensores del Pincha.
Resulta que el punta holandés -quien en la revancha del 2-2 registrado en Buenos Aires había comenzado mirando el partido desde el banco-, jugaba habitualmente con anteojos, algo que los argentinos no estaban acostumbrados a ver. Parece ser que en un momento dado, y apelando a las malas artes (?) que hicieron a los “Pincharratas” de ese tiempo ser tristemente célebres, Oscar Malbernat decidió por las suyas que lo de Van Daele era antirreglamentario, por lo que procedió a deshacerse sin mayores pudores de los anteojos de su rival, quien no podía creer lo que estaba viviendo.
¿Qué dijo luego cada uno de los involucrados al respecto? “Hizo caer mis espejuelos y los rompió con sus manos”, fue el apenado relato del europeo tras el cotejo. Mientras que el recio lateral de las pampas realizó su descargo argumentando que: “Cuando vi que Van Daele entraba con anteojos puestos se los saqué para llevarlos al banco como prueba de algo que no me parecía ajustado al reglamento. El linesman lo cuestionaba y el juez lo dejaba seguir así. Después le trajeron otros y los tenía en la mano, y cada vez que venía la pelota se los ponía”.

Ahora bien, ¿es creíble la palabra del hombre cuya foto aparece precedentemente en este post? ¿Es posible que uno de los jugadores visitantes tuviera ese comportamiento tan poco digno dentro de la cancha?
Claro que no señores, si al fin de cuentas todos saben que los de camiseta roja y blanca a bastones eran adalides del fair play y las buenas costumbres deportivas, y que los relatos de bestialidades protagonizadas en un campo de juego por tipos como Aguirre Suárez, Poletti, Pachamé, Bilardo y el propio blondo (?) -quien tuviera un fugaz y poco feliz paso como DT de ELP hace pocos años-, no son más que mentiras desparramadas durante décadas por seres llenos de envidia y resentimiento ante los logros de la entidad de la Avenida 53.
¿O no?
Fuente: “El Libro del Fútbol”, Ed. Abril, 1975.
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mwz
18 de diciembre de 2009 22:57
Pri (?)
1
Christian Libonatti
18 de diciembre de 2009 23:36
Podio (?)
2
Folhaseca
30 de enero de 2012 18:28
Un divino Malbernat
3